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SONETOS CELESTES

I
Si alguna de estas noches ves nublarse
el disco de la luna con un manto,
es culpa de este amor... ¡relumbra tanto!
que empaña su blancura hasta eclipsarse.

O vieras una estrella desplomarse
trazando un haz de luz para tu encanto,
quisiera que supieras que es mi llanto
que va hasta el infinito a sublimarse.

El cielo suele ser solo el reflejo
de un nítido cristal que nos revela
aquello que negamos. El espejo

de lo que no mostramos. La secuela
del juego que propone un catalejo,
cifrando nuestra vida en una estela.

II
Quizás alguna noche, si tus ojos
observan extasiados una estrella
por ser la más brillante o la más bella,
y en ella diluyeras tus enojos,

y fueran hasta ella tus antojos
de estar más cerca aún de su centella,
sin ser la mía intención darte querella,
te arriesgues a encontrarte con mis ojos…

que apagan un cometa con sus huestes
y pueden suscitar mil imprevistos,
por más de que maldigas y protestes.

Mis ojos tan opacos ¡pero listos!
que saben de tus hábitos celestes,
y juegan con los astros, por ser vistos…